zapote

Zapote

agosto 6, 2015 11:20 pm

Hace unas semanas mi compañera Anna Lee y yo adoptamos a Zapote (antes Tony), un fascinante perro criollo de año y medio de edad. Antes de tomar esta decisión, incluso antes de conocer a Zapote, Anna Lee y yo lo pensamos mucho. Desde un principio consideramos la idea de adoptar, no obstante, eran tantos los requerimientos de nuestro perro ideal que llegamos a pensar en comprar un cachorro de raza, por ejemplo, un pastor alemán.

Queríamos un perro de talla grande, activo (porque a Anna Lee y a mí nos gusta correr), que fuera muy amigable con la familia, con otros perros y con la gente en general, pero que también fuera un buen guardián.

Luego de mucho diálogo, Anna Lee y yo llegamos a la conclusión de que comprar un perro de raza sería ridículo, sobre todo tomando en cuenta la inmensa cantidad de perros sin hogar en nuestro país. No obstante, consideramos (particularmente Anna Lee) un cachorro porque queríamos un perro sumamente obediente y así tendríamos la posibilidad de entrenarlo.

Un día entramos a Animalia de Miguel Ángel de Quevedo para ver qué cachorros tenían en adopción. Paloma, quien trabaja en el lugar, nos mostró algunos.

Yo no estaba tan seguro. Tenía en la mente la imagen de un perro que quería desde hacía mucho tiempo, no necesariamente un cachorro; así se lo describí a Paloma: “me gustaría uno de talla grande, gris, con pelos de alambre…” Dos años antes, había buscado un perro con estas características en la calle, es decir, un callejero.

Antes de que yo terminara mi descripción, Paloma dijo exaltada, “¡tenemos uno así, se llama Tony! Tiene año y medio. Está en la sucursal Condesa. Tengo algunas fotos. ¿Quieren verlo?”. En efecto, el tal Tony era exacto como el perro que yo imaginaba.

Tony, ahora Zapote, había sido abandonado en Animalia luego de que lo llevaron a bañar. Posteriormente, una persona lo adoptó pero lo devolvió debido a su “mal comportamiento”. En total, el perro llevaba casi un año en adopción y nadie lo quería porque, si bien tiene un aspecto adorable, éste nunca estaba quieto: ladraba, había lastimado a otros perros por jugar brusco, se jaloneaba cuando lo sacaban a pasear; era un desastre en cuatro patas.

Desde que vi por primera vez a Zapote supe que era mi perro, pero Anna Lee no estaba tan segura. Antes de adoptarlo, acordamos llevárnoslo por 20 días para tenerlo a prueba, una prueba muy difícil de superar.

Nosotros vivimos en un departamento, pero pasamos los fines de semana en una granja.

Lo sometimos a todo tipo de pruebas. Que si no se comía los conejitos, que no ladrara mucho, que estuviera quieto en el coche, que no rompiera nada, que no se hiciera pipí o popó donde no debía y, que nos cuidara. Zapote pasó todas las pruebas y rápidamente aprende lo que se le indica.

Hoy en día, no podríamos estar más contentos con nuestra decisión. Definitivamente adoptar un perro adulto fue la mejor opción. Implicó que él ya conocía lo peor de este mundo y nos valora mucho. Es un perro fiel, nunca se sale de la casa corriendo, es sumamente cariñoso y también sabe cuidar. Tampoco jalonea y camina junto a nosotros cuando se le indica. Ya conoce varios trucos que le hemos enseñado y se ve adorable cuando los hace.

Anna Lee pasa mucho tiempo con él y, su adoración mutua, todos los días aumenta. De hecho, lo tiene muy consentido. ¡Zapote sabe saltar el aro, da la pata, hace bonito y gira! Es pelotero y le fascina correr tras lo que le lances, aunque todavía estamos trabajando en que lo suelte de vuelta. Además, su máximo es sumergirse en el agua de cualquier fuente y nadar hasta el cansancio.

Cuando hace travesuras, es regañado y baja las orejas por que no le gusta que nos enojemos con él. Con todo, es un perro muy feliz y nos ha hecho muy felices a los dos. ¡Agradecemos la labor de Animalia y su equipo de rescate!

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